EVITA
Hoy se recuerda el paso a la inmortalidad de Eva Duarte de Perón al cumplirse 59 años de su muerte, un 26 de julio de 1952. Para recordar su figura se realizaron actos en todo el país. María Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 y vivió una corta vida pero intensa. En 1944 cuando conoció por primera vez, a quien sería su compañero de vida. Un año después, en 1945, se casó con el General Juan Domingo Perón. Evita, como le gustaba ser llamada por su pueblo, fue mucho más que una actriz y la esposa de Perón. Fue quien rompió las fronteras que existían entre la gente que tenia escasos recursos económicos y la conducción política. Como primera dama, promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer, entre ellos el sufragio femenino y realizó una amplia obra social desde la Fundación Eva Perón. María Eva Duarte era mujer, hija ilegítima, de familia muy modesta, se hizo actriz y locutora por sus propios medios y murió a los 33 años. ¿Cómo pudo ser quien fue? ¿Cómo pudo contribuir de un lugar tan destacado a cambiar el rumbo del país y los destinos de millones de personas? Que fuera mujer ya resulta llamativo en un mundo que seguía dominado por los hombres y donde ellas ni siquiera tenían reconocido el derecho a voto, pero destacar sólo este aspecto contribuye a la versión machista de la historia en que se margina los roles de las mujeres. Que fuera hija ilegítima y pobre es bastante más sorprendente, ya que este tipo de injusticias sociales son más difíciles de superar que el obstáculo de la discriminación debida al género. Adolescente, lo conoce al General Perón con sólo 24 años, y su destino queda definitivamente ligado al tres veces presidente de la Argentina y a la historia del país. Sólo una gran voluntad, unida a un fuerte compromiso y a una inquebrantable lealtad, pudieron hacer de esa joven y humilde actriz la luchadora de la igualdad y la justicia que el pueblo conocería y adoptaría como “jefa espiritual”. Como Primera Dama, sea en una incipiente tarea social, en la concentración de alimentos en la residencia presidencial bajo el nombre de “Las Delicias” -remedando la despensa de su pueblo, las colaboración de los sindicatos y la organización de la Cruzada de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, tuvo en claro que la construcción política venía de la mano de la ayuda social y la solidaridad con el prójimo en base a un trabajo en equipo. Desde su constitución, el martes 19 de junio de 1948, cuando se firmaron las actas constitutivas en la futura sede del Hogar de Tránsito N* 2 de la calle Lafinur 2988 de la Ciudad de Buenos Aires – actual sede del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón y Museo Evita -, “la Fundación” alcanzó al país todo, plasmando en sus obras los objetivos fundacionales. La indignación que causan las injusticias y que ponen un sello indeleble en la política fue la que profundizó las duras tareas en la Fundación Eva Perón, desde la creación de escuelas, hospitales, hogares y la reivindicación de los derechos para las mujeres. En sus múltiples funciones, Eva también era la mediadora entre el poderoso sindicalismo -eje del peronismo fundacional- y el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Con los sindicatos y con las mujeres, Eva Perón tuvo insoslayable gravitación. Eva habla a las mujeres de hoy -en especial a las que ejercen funciones políticas- desde la generación de sus padres. Fue ella la abanderada de la sanción de la ley del voto femenino en 1947, que cuatro años después, terminada la compleja tarea de empadronamiento, permitió la primera participación política de la mujer. Fue Eva la que también impulsó la realización del censo y el padrón que hasta entonces las excluían. Y fue la primera en alegrarse con la confección de la libreta cívica para la participación en las elecciones de noviembre de 1951, en las que ella votó desde su lecho de enferma. Con esa norma, cerró la lucha que habían iniciado otras mujeres como Alicia Moreau de Justo, Julieta Lentieri, Susana Larguía y Victoria Ocampo, diversidad de ideas y mundos interiores pero unidas en el mismo cometido. Desde la Secretaria de Trabajo y Previsión, Perón supo brindar al sindicalismo débil y fragmentado que encontró entre 1943 y el año siguiente una fuerte estructura, que explica lo que luego acontecería el 17 de octubre de 1945. Los caminos fueron la organización sindical horizontal, es decir la constitución de sindicatos por oficio, profesión o categoría y los gremios de origen vertical, que son por actividad o industria. El papel de Evita fue fundamental para una CGT fuerte que cobijase a todo el movimiento gremial. Ella, fue el puente entre el gobierno y la central sindical, combinando sus tareas en la Fundación, las reuniones con el Partido Femenino Peronista y los encuentros con los dirigentes sindicales, “los muchachos”, quienes realmente lo eran en su gran mayoría. A fines de 1951 y enferma, no dudó al recorrer personalmente las terminales ferroviarias para decirles a los trabajadores que debían levantar la huelga. “Ustedes le están haciendo el juego a los contreras. Vuelvan al trabajo”, reclamaba. De repente, el cáncer se la llevó el 26 de julio de 1952, dejando desamparadas a las millones de personas que participaron de su funeral. Con su muerte, todas las conducciones de los principales sindicatos que en defensa del gobierno habían aguantado las presiones de sus propias bases debido a la crisis económica de comienzos de los años 50 perdieron la elección interna en manos de otros peronistas. El largo velatorio ante el pesar popular y su impresionante expresión se inició en el Ministerio de Trabajo el 9 de agosto de 1952. Luego, el féretro fue trasladado al Congreso de la Nación y de allí llevado hasta la CGT, donde estaba destinado a reposar para siempre. El cortejo con una guardia de honor incluía diez mujeres del Partido Peronista Femenino y a los secretarios generales de los sindicatos más importantes del país. Cuesta creer que Evita, una joven de no más de 33 años, resultara finalmente vencida por el cáncer, luego de haber resistido todo el odio acumulado que la persiguió incluso más allá de su muerte. También resulta difícil pensar a Evita ajena al pueblo y ajena a Perón, pensarla de forma individual cuando ella se fundía con “sus descamisados”, recortarla de su historia y de la historia de todos los argentinos.














